Ceremonia en la intimidad

Conde Duque recibió anoche la visita de dos jazzistas históricos: el guitarrista John Abercrombie y el pianista Marc Copland

El Experiment de Robert Glasper presentó, más tarde, en Clamores, “ArtScience”

El sabio doctor Joachim Berendt reconoció una vez en el guitarrista John Abercrombie al músico que, mediados los años 70, se convirtió en poeta de su instrumento. Un intérprete que frasea siempre con líneas sensibles y vivas, preñadas de una sonoridad camerística que otros buscan sin conseguir dar con ella. Y también fue muy apreciado, una década más tarde, aquel trío que formó con el contrabajista Marc Johnson y el baterista Peter Erskine, con la intención de iluminar los estándares con la misma luz que bill Evans alumbraba los hallazgos de su trío.

El dueto: una formulación instrumental compleja
Ahora Abercrombie viaja en formulación de dúo con el pianista Marc Copland, que, de todas las parejas musicales imaginables, tal vez sea la que pueda presentar mayor complejidad. Piénsenlo un poco: cuerda con cuerda, instrumento armónico con instrumento armónico, solista con solista… Realmente, hay que ser estos dos maestros para afrontar con tanto éxito semejante aventura.

Ambos llegaron a Conde Duque anoche, con un disco no precisamente reciente titulado “Speak to me”, pero no se limitaron a su temario en el despliegue de composiciones con el que adornaron su concierto. El muestrario fue más amplio, pues hay que tener en cuenta que la colaboración entre ambos músicos se remonta a la grabación del album “Second look”, en 1996, seguida de “Five on one”, en 2010, y “39 steps”, en 2013.

La solvencia de ambos músicos
Copland es un pianista de enormes capacidades, y con una inclinación natural hacia la música romántica. Su forma de pulsar las teclas parece hecha unas veces del hierro con el que se funden las campanas; otras de seda fina. Abercrombie, por su parte, curtido en muchísimos lances, ha decidido dar en esta ocasión un tratamiento prácticamente acústico a su guitarra eléctrica. Y ambos emprenden el vuelo y coinciden al instante más exigente en unísonos, solos y acompañamiento. Y todo resuelto en la más estricta intimidad.

Entre el material desarrollado, una sensacional versión de “Yesterdays”, de Jerome Kern, que permitió probablemente los mejores y más inspirados diálogos entre ambos músicos. Copland expuso una balada en la que hizo cosas inverosímiles con el teclado de su piano, y le siguió Abercrombie con “Vertigo” y “As it stands”, ambas composiciones del guitarrista pertenecientes al mencionado álbum de 2013, “39 steps”. En ellas resolvió Abercrombie todo misterio armónico que pudiesen encerrar. El concierto concluyó con “Nardis” y un medley de “Witchcraft” y “Timeless”, abriendo turno para un bis. Con conciertos como éste se pueden crear aficiones tan inmediatas como irremediables al jazz.

La visita de Robert Glasper a Clamores
Un poco más tarde, la noche reservaba otra agradable sorpresa en el cartel de JAZZMADRID16, con la visita del Experiment de Robert Glasper a la sala Clamores. Su concierto recorrió el temario del reciente disco “ArtScience”, aunque en ningún momento ni él ni ninguno de sus acompañantes, se limitó a reproducir fidedignamente la estructura de estas piezas. Antes bien, recurrieron a un fecundo conocimiento de la improvisación para garantizar que lo que estaba sucediendo en la escena no había sucedido nunca antes.

Glasper, nacido en Texas hace 38 años, desgrana de forma incesante intervenciones con sus teclados y el resultado da en una mezcla de hip hop, electrónica, funk, soul y jazz, que agrada sobremanera a muchos. Sin abusar en ningún momento de su protagonismo, el músico abre espacios para la libre expresión de sus compañeros, hasta conseguir un poderoso sonido orgánico de quinteto. En este sentido resultaron fundamentales las aportaciones del saxofonista Casey Benjamin, que anduvo ciertamente sembrado en sus intervenciones solistas.

Es más que evidente que Robert Glasper se maneja con una cultura musical que hace que el jazz evolucione; un cambio, sin embargo, que no afecta a uno de los axiomas esenciales de este estilo: que no hay ritmo sin aliento. Todo ello permanece y afianza sus concepciones.

Foto © Álvaro López del Cerro / Madrid Destino