John Scofield conquista, de nuevo, Madrid

El Fernán Gómez fue una fiesta anoche, con la visita del cuarteto del guitarrista John Scofield

Con absoluta veneración y placer, el público siguió anoche el generoso bis ofrecido en la escena del teatro Fernán Gómez por la nueva banda del guitarrista John Scofield. Luego volvieron los aplausos que habían jaleado toda la velada. Scofield reaparecía en Madrid después de haber rendido la plaza el año pasado en Conde Duque, en este mismo festival y en compañía del tenorsaxofonista Joe Lovano.

Ahora ha regresado junto a tres viejos compañeros de aventuras, todos ellos piezas fundamentales en sus lances, que hacen del jazz contemporáneo un estilo musical para toda clase de públicos. En órgano y piano, estaba el locuaz Larry Goldings; en el bajo, Steve Swallow, un pionero en cuantos lenguajes se han venido inventando desde hace años para justificar la aplicación de la electricidad en su instrumento; y, finalmente, ante la batería, una maquinaria turbo que atiende por Bill Stewart.

El tiempo ha transcurrido para todos y esa es la razón por la que este proyecto en forma de cuarteto se hace llamar “Country for Old Men”. Ésa, y su gusto por el bluegrass y el country, claro está. Y, además, conociendo el sentido del humor de Scofield, puede que, incluso, la posibilidad de negar razones al título de la película aquella, “No es país para viejos”, que los hermanos Ethan y Joel Cohen dirigieron en 2007, juegue igualmente un papel fundamental

El mapa estético del country
Y en la mejor compañía, John Scofield reconstruyó un cancionero, cuyo proyecto embrionario quizás habría que buscarlo, hace siete años, cuando incluyó en su álbum “Piety street” el clásico de Hank Williams “The angel of death”. La idea ahora no es modificar -como hizo Williams, junto a su grupo The Drifting Cowboys- el mapa estético del country, y sí pasarlo bien y hacer que el público también se divierta.

El resultado fue una nueva clase magistral, enésima constatación de que el rezongo de la guitarra de John Scofield se encuentra entre los más seductores y bien timbrados del jazz de nuestros días. Jack Clement se hubiese sentido orgulloso de la relectura escuchada de “Just a girl I used to know”. Y Dolly Parton seguro que lo hace ya de la de su famosísima “Jolene”. En ambos casos, el resultado es un jazz fácil de amar, musculoso. Como el fuelle del organista Larry Goldings, haciendo que el público se estremeciese en cada uno de sus lances con el hammond.

Jazz para la sonrisa
Y con la batería de Bill Stewart lanzando chispas, una ronda espléndida: desde “The gambler”, de Kenny Rogers, hasta “Wilwood flower”, de Joe Webster, sin olvidarse de la magistral “I’m so lonesome I could cry”, del mencionado Hank Williams, con un cojín instrumental bien tejido por el bajo de Steve Swallow. Cuando, en el tramo final, llegó la hermosísima balada “You’re still the one”, se hizo la paz gentil que solo brota del corazón en armonía de los enamorados. Jazz para la sonrisa, para las lágrimas de la nostalgia también.

Foto © Álvaro López del Cerro / Madrid Destino