La explosiva ceremonia musical de Aziza en JAZZMADRID

La explosiva ceremonia musical de Aziza en JAZZMADRID

El cuarteto conformado por Dave Holland, Chris Potter, Lionel Loueke y Eric Harland, cautivó anoche al público en Conde Duque

Dave Holland daba sus primeros conciertos junto a Tubby Hayes, Kenny Wheeler y Ronnie Scott, dueño y director este último del histórico club londinense del mismo nombre. Pero ya en aquellos años, el trompetista Miles Davis se había fijado en él. Andaba vivamente emocionado con aquel contrabajista que, con sus múltiples recursos rítmicos, arrancaría la magistral labor de fijación fonográfica de los álbumes “In a silent way” y “Bitches brew”. En ambos discos se escondían todos los placeres que, más tarde, hemos disfrutado con quienes fueron discípulos -y son legión- de Miles Davis; uno de ellos Dave Holland.

La técnica de Holland, de aliento mingusiano, pudo volver a disfrutarse anoche, sobre la venerable escena del Conde Duque, en compañía del tenorsaxofonista Chris Potter, el guitarrista Lionel Loueke y el baterista Eric Harland. Esta reunión, que tiempo hubo en el que no tuvo nombre propio -ahora sí; se hacen llamar Aziza-, trajo una lectura interesante acerca de lo que cuatro estrellas del jazz contemporáneo pueden dar de sí cuando deciden salir de gira juntos.

AzizaPoco circo, mucho fundamento
En el proyecto hay muy poca exhibición innecesaria de virtuosismo y mucho fundamento en cambio, sobre todo en el contrabajo de Holland, siempre emperador de una música de reyes. Y fueron, también, Chris Potter y el beninés Lionel Loueke quienes capitalizaron grandes atenciones del público. Llama la atención en Potter que huya permanentemente de las exposiciones pomposas, que no abuse jamás de los hilos melódicos. En su lugar, muestra un aliento artístico con el que da rienda suelta a una imaginación que se reveló inagotable durante casi ciento veinte minutos.

Loueke, por su parte, se ganó la atención de la afición, haciendo continuos viajes con sus solos al manantial negro del que proceden tantas músicas que hoy escuchamos habitualmente. Hasta Hendrix sonaba en su discurso. Y no fueron necesarios los ejercicios de ajuste con sus compañeros, porque todos hablaban el mismo idioma, aunque el acento fuese de distinto lugar.

Emoción escénica
Desde las excelencias de referencias múltiples que exhibe Chris Potter, hasta el gran angular contrabajístico de Dave Holland; desde las inventivas líneas del fraseo guitarrístico de Loueke, hasta los tremendos estallidos de energía del baterista Eric Harland, este cuarteto hilvanó una serie de asombrosos macrotemas que terminaban de la forma más inesperada con los gritos y aplausos de gozo de los espectadores.

En el bis, sorprendieron con una composición que, sin apenas darnos cuenta, hizo transición de la polirritmia africana a un animado calipso caribeño. Con conciertos así se crean aficiones inmediatas al jazz. Fue una ceremonia de música deslumbrante.

Foto © Álvaro López del Cerro / Madrid Destino