La música con mayúsculas de Stanley Clarke

JAZZMADRID16 recibió anoche, con espléndida entrada en el Fernán Gómez, a Stanley Clarke, un referente histórico del bajo en el jazz

Poco antes, la voz de la cantante noruega Kristin Asjbornsen cautivó a la audiencia en Conde Duque

jazzmadrid16-kristin-asjbornsen-0032Era el estreno en Madrid de Kristin Asbjornsen al frente de su trío, y el concierto se resolvió como un encendido manifiesto de la pluralidad de músicas que es capaz de abordar esta artista noruega. Gospel y blues sobre todo, pero también repertorios tradicionales nórdicos y canciones populares de Estados Unidos. Y todo ello revestido con la libertad del jazz.

Con Olav Torget en la guitarra, y Gjermund Silset en el bajo, Asbjornsen mostró que espirituales como “Lord, don’t move that mountain”, “Oh, glory” o “I’m on my way” no tienen por qué ser una mera repetición de clichés. Con un atractivo registro de voz ligeramente oxidado, la vocalista entonó sus canciones con absoluta maestría técnica, pero sin amaneramiento academicista; como algo que brota de la realidad del presente, aun despegando de la tradición del world jazz actual, que, paradójicamente, ya cuenta -desde Coltrane y Don Cherry- con sesenta años de historia.

El triunfador Stan Clarke
La siguiente oferta de la noche llegó en la sala Guirau del teatro Fernán Gómez, donde comparecía el histórico bajista Stanley Clarke. Este músico es, sobre todo, conocido -y reconocido- por su trabajo en la etapa fundacional de la Return to Forever, al lado del teclista Chick Corea. Los proyectos desde entonces han sido múltiples, todos triunfales, y ahora se presentaba con el último al frente de un cuarteto en el que hay virtuosos y atractivos oficiantes.

Lejos quedan los tiempos en los que Clarke, en un largo concierto, podía fijar en nuestra memoria su irrupción como solista. Ahora le gusta alternar en las variantes acústica y eléctrica de su instrumento, y no sustenta su liderazgo en la sobreimposición del sonido de su bajo, sino en el alimento rítmico continuo que ofrece a sus compañeros de equipo: los teclistas Beka Gochiashvili y Cameron Graves, y el baterista Michael Mitchell “Black Dynamite”, este último atento en todo momento para apuntalar el nervio de las composiciones.

Sonido bien ensamblado
Los cuatro consiguieron un sonido absolutamente ensamblado en el repertorio ofrecido. El territorio natural de estas composiciones sigue siendo el jazz-rock, pero, incrustadas en cada uno de los temas, lucen síntesis de los saberes acumulados con los años hasta hoy. Y, contando con un teclista del poder de Beka Gochiashvili no es extraño que, poco después del arranque del concierto, él y Stan Clarke iniciasen un sentido e intimista homenaje a Charles Mingus, a través de su versión de “Goodbye pork pie hat”, que acabó en brazos de la banda al completo.

Clarke es un maestro en el arte de hacer avanzar su música, sin detenerse en éxitos concretos, que los ha tenido y no solo en la Return to Forever; también en el proyecto Thunder, junto a Marcus Miller y Victor Wooten, y, antes, en la formación Vertu. Anoche ofreció un gran concierto con mucha vistosidad escénica. Cabe augurarle un espléndido futuro a su banda actual. Es contundente y se conduce con una seguridad pasmosa. Gustó muchísimo al público, que no dejó de aplaudir con entusiasmo cada una de las intervenciones solistas de los músicos.

Foto © Álvaro López del Cerro / Madrid Destino