Pablo Martín Caminero presentó en Conde Duque “Salto al vacío”

Somi, en el Teatro Fernán Gómez, gustó en su estreno en Madrid

La escena no tiene secretos para el alavés Pablo Martín Caminero. Su contrabajo viene de la música clásica, de la regia tradición de Viena, pero se ha integrado a la perfección en el jazz. Y también en el flamenco. Sus conciertos y discos con el guitarrista Gerardo Núñez o con la cantaora Carmen Linares revelaron a un intérprete de enorme talento. Y en cuanto a formaciones de estricta dinámica jazzística, urge decir que Pablo ha pasado por los grupos de Chano Domínguez, de Jorge Pardo y de Abe Rábade, entre otros muchos. Desde ayer, viaja con un proyecto que tiene título de riesgo, “Salto al vacío”, y lo materializa con un sexteto fantástico que no le tiene miedo a nada.

Aventura en libertad
La primera parte de su concierto en Conde Duque fue un encendido homenaje a la aventura de entenderse en libertad. Pablo tiene una clara impronta romántica en su fraseo pleno de temperamento flamenco; tiene clase, sabiduría. Se apresta en el pizzicato de su instrumento y deja que la música llegue, presa de los movimientos espasmódicos que sugiere, hasta el límite. Un acalambramiento rabioso también es posible cuando Moisés Sánchez toca los cielos abordando espacios en solitario con su piano. Todo cuanto hace este músico está tocado por la gracia del protagonismo natural. No hay exhibicionismo en ello, solo talento. Y del resto de músicos se puede -y debe- decir lo mismo. Todos rozan la perfección cuando abordan la interpretación de títulos como “Eider”, título que, a modo de bienvenida a la vida, dedica a su sobrina Eider, o por cualquiera de los movimientos que componen la suite que da título al disco; especialmente, “Despertar del héroe” y “Salto”.

Sabia dirección musical
La música de “Salto al vacío”, el álbum, suena maravillosamente bien con los sabios arreglos que ha concebido este contrabajista, que se ocupa de que todos sus músicos vengan con los deberes hechos de casa, para así poder dedicarse con mayor entrega a improvisar. En el segundo round, con títulos como “Cuentas pendientes” y unas camineras que dedica al poeta Faustino Núñez, Pablo Martín Caminero se puso atómico. Composiciones con fibra adornadas con el admirable oficio de Ariel Brínguez en saxos tenor y soprano, y Toni Belenguer en el trombón. Y también la habilidosa combinación de redobles cruzados que logran Borja Barrueta desde la batería, y Paquito González en las percusiones.

Dueño de un compás arrebatador y un duende a primera sangre, Pablo Martín Caminero ha escrito para este su cuarto álbum como titular unas músicas cautivadoras, de una fortaleza y una solidez arrebatadoras. En adelante, nada debería impedir que pase a ser considerado uno de los grandes pilares del jazz que se hace entre nosotros. Por derecho. Por justicia.

jazzmadrid16-somi-0280Somi, paradigma del soul jazz

En el Fernán Gómez, un par de horas más tarde, el público disfrutó con el estreno en España de la cantante Somi. Nacida en Illinois, aunque hija de inmigrantes de Uganda y Ruanda, las canciones de esta artista lucen alineadas en esa forma de entender la música que surge cuando las estéticas y las ideas, por diferentes que sean, se dan la mano.

Soul, rhythm & blues resuelto con mucha clase, y suficientes jirones de funk, invocan un estilo y una forma de cantar cuya vitalidad supo combinar Somi en la noche, con el conocimiento de unas maneras que siguen generando artistas. La demanda del soul revestido con la libertad del jazz existe. Bienvenidos los artistas en busca de ese lugar en el que, incluso cantando en swahili en las dos últimas canciones de su concierto, Somi ya se ha hecho con las primeras posiciones.

Foto © Álvaro López del Cerro / Madrid Destino