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El pianista gallego Abe Rábade protagoniza la primera propuesta española convocada en JAZZMADRID15, confirmando en Conde Duque lo que todos ya sabíamos: el futuro del género en nuestro país está en sus manos.

 


Tan pronto traduce al jazz las Cantigas de Alfonso X El Sabio como se deja querer por grandes del género como Branford Marsalis o Maria Joao. O toca en solitario para después hacerlo en trío, en quinteto o con una orquesta sinfónica, como es el caso de su inminente nuevo proyecto discográfico. El pianista gallego Abe Rábade protagonizó la primera propuesta española del festival internacional de jazz JAZZMADRID15, confirmando con su recital en Conde Duque, sede principal del certamen, algo que todos ya sabíamos: el futuro del género está en sus manos.

Escoltado por los miembros de su trío, el contrabajista vitoriano-madrileño Pablo Martín Caminero y el baterista portugués Bruno Pedroso, Abe Rábade estrenó en el mencionado centro cultural del Ayuntamiento de Madrid parte del lote de composiciones que el próximo mes de diciembre se encargará de grabar en estudio. Y el avance en primicia de este nuevo temario se saldó con nota sobresaliente, tanto por el alma que lo sustenta como por el corazón que lo palpita.

Llegaba Abe a nuestro país tras una larga gira por México, en la que, por lo contado entre tema y tema, se ha reencontrado consigo mismo. O así lo dio a entender cuando compuso Tule, pieza inspirada ante la majestuosidad del mencionado árbol mexicano. O cuando presentó en Yucatán, último hogar de Paco de Lucía, 11 para Paco, un homenaje al guitarrista de Algeciras que en su decir obtuvo el beneplácito del respetable centroamericano; y como el sábado igualmente caló en la emoción del público que agotó las entradas en Conde Duque.

Sus nuevas composiciones siguen siendo una magnífica prolongación de pianismos maestros como los de Keith Jarrett o Brad Mehldau, sobresaliendo después en versiones de cabecera como Con Alma, de Dizzy Gillespie, o Smoke gets in your eyes de Jerome Kern, pieza con la que alcanzó los momentos más sublimes de su recital, gracias a esa suerte de intelectualidad pianística sazonada con sugerentes arreglos de blues.

En la despedida recordó a una amiga, la joven cantante y compositora granadina Lara Bello, actualmente residente en Nueva York, de la que tomó un tema con gran carga lírica y profundidad poética. El chico hace también de los silencios toda una declaración de intenciones, contando con el respaldo de dos sublimes gregarios que, a su manera, también tienen mando y plaza en este triángulo, el contrabajista Martín Caminero y el baterista Pedroso.

Hace tiempo que Abe Rábade está señalando algunas de las sendas por las que mañana deberá transitar el jazz español, que en su caso o como en el de muchos otros compañeros paisanos, es el camino de la buena música, sin nombres ni fronteras.

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