Steve Coleman y Vieux Farka Touré, en los cielos de la música negra

Steve Coleman y Vieux Farka Touré, en los cielos de la música negra

Coleman mostró en Conde Duque las claves por las que circula su compleja y fascinante música

Vieux Farka Touré dio una lección magistral de blues africano


 

Con el permiso de Daymé Arocena, presente en el estreno del festival, se llegó, anoche, por vez primera en el desarrollo del programa de JAZZMADRID, a las dos propuestas iniciales de estricta música negra. Vino Steve Coleman a Conde Duque, un músico que elabora un jazz que suministra nuevo cuerpo al gran pandemonium de la música negra, y, un par de horas más tarde, el teatro Fernán Gómez recibía la visita del guitarrista y cantante maliense Vieux Farka Touré, garante de los hallazgos bluesísticos de su progenitor, Ali Farka Touré.

Arrollador Steve Coleman

Más de una década ausente de los escenarios madrileños son muchos años. Así que el resultado no pudo ser mejor: generosa entrada para recibir al altosaxofonista de Illinois Steve Coleman, uno de los inquilinos más díscolos de la mastodóntica urbanización del jazz contemporáneo. En su amplio arco expresivo hay elementos free, vestigios de funk y una elevada porción de africanismo que suministra cuerpo a la feliz idea de trazar un discurso alrededor de la gran música negra.

Coleman compareció junto a los Five Elements, una banda que –caprichos de los nombres-, tiene formato de cuarteto en esta ocasión. Todos horadan un surco lejos de los estereotipos. Jazz en estado de gracia y siempre inconforme, con ese perfil inequívoco de corte de mangas. Y sin embargo su empeño no concluye al dejar las convenciones fuera del discurso. Tras su apariencia alborotada, hay una estrategia musical sincera, mingusiana, desinhibida.

Vanguardia jazzística

Steve Coleman es una de las caras de la vanguardia jazzística y este concierto ha vuelto a ser una muestra de los valores que propone desde hace más de treinta años, organizados en torno a una idea que discurre con el principio de las mareas: música sin solución de continuidad que se encrespa tras el anuncio de un nuevo tramo, y amaina para ofrecer el testigo del siguiente.

Ante un discurso así, los representantes del inmovilismo en el jazz -y no es necesario dar nombres, están en la mente de todos- quedan irremediablemente arrollados. Mención de honor para Anthony Tidd, que, desde el bajo, sigue demostrando tener un talento que no encaja en lo habitual. Por lo demás, un concierto de los Five Elements -y aquí está el mérito- sigue haciendo evidente que todavía existen capítulos por escribir en el jazz. Energía, tensión, que diría Pablo Sanz… Un lujo.

Vieux Farka Touré y el cancionero de los griots

Llovieron los aplausos -intensos como los habidos en el concierto de Steve Coleman en Conde Duque-, y ratificadores de la infrecuente recepción que el blues tiene en nuestras escenas. Vieux Farka Touré presentaba en Fernán Gómez los argumentos que ha incluido en el reciente disco “Samba”, en los que está presente el legado del gran cancionero de los griots, esos juglares del África subsahariana que le cantan al viento del desierto, al hijo, al amor de siempre en los tiempos de campo, a la amistad, a la noche estrellada, al futuro en concordia. Y con todo ello a la música, porque solo en África todos estos sustantivos conjugan igual.

Vieux Farka Toure
Vieux Farka Toure

La inmensa belleza de esta cultura, que fue también la del padre de Vieux y su abuelo, y será la de sus hijos, la defendió el trovador maliense anoche en compañía de dos socios en la rítmica, que, especialmente en lo que concierne al percusionista Mamadou Kone, supo alfombrar al titular el camino de facilidades para que pudiera lucirse con el anchuroso fraseo de su toque guitarrístico, y abandonarse al deleite de las honduras líricas que sugerían las canciones.

El concierto, con homenajes y recuerdos a su padre incluidos, fue un viaje rítmico y melódico, henchido de verdad y belleza, y de mucho blues forjado a orillas del río Níger y madurado, después, en los márgenes del Mississippi. Al calor de la vida, de sus injusticias y esperanzas, de sus penas y glorias. Y el horizonte africano siempre por delante.

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