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Chano Domínguez y Diego Amador @fernandotriBinophoto

Grandes de aquí y de allá

El proyecto de Chano Domínguez y Diego Amador, y el nuevo quinteto de Guillermo McGill revalidaron el afecto del público en Fernán Gómez

Ayer domingo, el trompetista Ambrose Akinmusire rindió a la audiencia con un concierto repleto de garra e inteligencia


En la jornada del jueves, el gran piano flamenco se dio cita en el monumental recital pianístico que Chano Domínguez y Diego Amador ofrecieron sobre la escena del teatro Fernán Gómez. En pocas ocasiones pueden concentrarse en una única propuesta semejante volumen de propósitos expresivos, de ejemplos de aquellas dualidades que han contribuido a definir la subyugadora síntesis del jazz y el flamenco. Dos formulaciones estéticas que, de forma alternada, dieron forma a un espectáculo en el que lo difícil fue encontrar algún punto “muerto” en su desarrollo.

El gran espectáculo del piano flamenco

Chano Domínguez desde el jazz-flamenco, y Diego Amador más centrado en el piano flamenco, un territorio todavía -y desde hace muchos años- pendiente de explorar, demostraron con su quehacer conjunto que un espectáculo para dos pianos no solo es cosa de hacer que los dedos corran veloces sobre el teclado del instrumento, por mucho que estos efectos siempre entusiasmen a un público que gusta de estos recursos virtuosísticos. Poner de manifiesto ese imbricado mundo exige también no pocas dosis de poesía, de dramatismo y, ni que decir hay, de inspiración igualmente.

Y si de afrontar el quehacer de cada uno de estos artistas se trata, lo mejor será decir que Chano -que volvía a JAZZMADRID tras rendir la plaza el año pasado, junto a Martirio- dibuja frases incesantes, largas y llenas de contenido. Y Diego es un contador de historias animado y sensible que, doblando ocasionalmente en el cante, goza y hace gozar desde que coloca su primer dedo sobre las teclas A ambos se sumaron las percusiones en cajón peruano de Pablo Domínguez. Tres músicos con una filosofía musical compartida, de los que entienden que ser testigo del acto creador, asistir al alumbramiento del arte en el mismo momento que el autor lo descubre es la experiencia que mejor define la naturaleza efímera y la singularidad del hecho jazzístico.

Ha sido cosa de puntería que en una misma velada se haya diseñado este espectáculo en el que es posible comprobar la enorme estatura creativa de estos dos notables pianistas de nuestra tierra. Sirvió, además, para preludiar otro de los grandes conciertos de jazz de identidad que este festival ha programado este año: el nuevo proyecto del baterista Guillermo McGill.

Guillermo McGill

Cuando faltan los adjetivos

Tiene forma instrumental de quinteto y, en él -y son palabras del propio Guillermo- todos los músicos ahondan en el camino de jazz-ecm-flamenco que, hace algunos años, se trazó este baterista con composiciones en las que las estructuras, el orden de temas y el desarrollo de las melodías, encuentran fundamento en la distribución de energías entre los músicos, dejando la candela del talento encendida para que el público disfrute.

Bastaba seguir su llama en las evoluciones de Julián Sánchez en la trompeta y en la forma que tiene Álvaro Vieito de conducir su guitarra eléctrica por territorios aparentemente sencillos, para disfrutarlo. Pero es que el resto de músicos cubrió también todas las necesidades, emotivas, sociales y culturales, con las aportaciones de Chiqui Cienfuegos al piano, y Joan Masana al contrabajo.

McGill triunfó hace un par de años en esta misma escena con un proyecto sobre el flamenco y John Coltrane, y el sábado, descubriendo invenciones aliñadas con especias tan sutiles que siempre quedaba un arroma arrinconado por localizar, repitió la hazaña. Excepcional.

 

Ambrose Akinmusire

Ambrose Akinmusire: Virtudes de una forma única de entender el jazz

Ayer domingo JAZZMADRID se apuntó otra noche memorable al traer, en colaboración con el festival de jazz de Zaragoza, al trompetista Ambrose Akinmusire al frente de su cuarteto. La música de Akinmusire confirma que la escena del jazz se sigue moviendo, que no todo son relecturas del pasado. Su trompeta labra su propio surco en el que hasta la explosión más libertaria se asienta en gratos términos de audibilidad.

Ninguno de estos músicos renuncia a nada, a ningún recurso expresivo, y lo que nos regalan es jazz de primera magnitud y sin las huellas de lo sobado. El pianista se mostraba fiero ante su instrumento, y del teclado eléctrico obtenía un sonido redondo que, a veces, hacía pensar en Robert Irving III. Y tanto el baterista como el contrabajista resolvieron su trabajo con absoluta precisión y pulcritud técnica. Su enorme capacidad para el matiz -desde pianísimos en el límite de lo audible, hasta fortísimos abrumadores, en ambos casos sin pérdida ninguna de la redondez del sonido-, les hizo destacar en diferentes tramos de un concierto que se prolongó a lo largo de dos horas de desarrollo.

Un artista sin límites

Akinmusire trabaja sobre temario propio. Pertenece a la actual generación de trompetistas que parece no tener techo y su presentación fue un admirable despliegue de todas sus cualidades. Hubo metamorfosis sonoras provocadas por la combinación especial de los ingredientes con los que trabaja el artista, y la respiración diferente de sus músicos hizo el resto. Magia. Con Akinmusire la música se hace siempre sublime y luego desaparece. Y quien ha vivido alguno de sus trances creativos, ha sido parte de ellos, y esto, señoras y señores, es la definición del jazz de siempre. Lástima que ya solo reste esta semana para seguir disfrutando del mejor jazz que Madrid oferta cada año.

 

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